martes, 24 de enero de 2012

03. Unidad 03. Taller 03. La vida cotidiana en la Edad Media: nobles, clérigos y campesinos

TALLER 3. LA VIDA COTIDIANA EN LA EDAD MEDIA: NOBLES, CLÉRIGOS Y CAMPESINOS.
3.1. LA VIDA EN EL CASTILLO.
Partes de un catillo medieval
Para conocer  las partes de un castillo medieval entra en la siguiente web:
http://contenidos.educarex.es/sama/2010/csociales_geografia_historia/segundoeso/tema2/castillo.html
  • Muralla: todo el recinto va cercado de una alta y gruesa muralla con un camino que la recorre en su parte superior. De trecho en trecho, se intercalan en la muralla cubos o torreones que permiten diversificar los ángulos de tiro y defenderse. Suelen estar rematados por almenas para la protección de los defensores. Al pie de la muralla y rodeándola por el exterior se abre a veces un foso para impedir la aproximación del enemigo; se salva con puentes levadizos. Puede haber más de un anillo defensivo amurallado.
  • Torre del homenaje: es la torre principal de dos o tres pisos y que sirve de residencia del señor y cumple con las funciones más destacadas del castillo, albergando las estancias principales y, en ocasiones, los almacenes de víveres. Se encuentra en la posición más defensiva en relación con un posible ataque exterior, de forma que si sucumbiese el resto de las defensas, esta torre proporcionase un último refugio.
  • Torre barbacana: es una obra de fortificación situada frente a las murallas y protegiendo una puerta de acceso. Podían contar con portales propios fortificados de paso obligatorio para acceder a la puerta principal, rastrillo o peine suele ser una pesada reja, rematada abajo en puntas que formaba parte de las fortificaciones de la puerta, junto al puente levadizo y la barbacana.
  • Almenas: tenían como función proteger a los defensores. Algunas tenían orificios, como troneras (para las armas de fuego) o saeteras (para lanzar armas arrojadizas).
  • Camino de ronda: donde se parapetaban los defensores.
  • Patio de armas: espacio central en torno al patio donde se distribuyen determinadas estancias, como la capilla (cuando la hay), la sala de recepciones, las naves para acuartelamiento de la tropa, etc. la entrada al castillo se produce a través del patio de armas; desde él se accede al resto de las dependencias.

  • Existían otras dependencias en el castillo como graneros, herrería, viviendas para los servidores, horno, etc.
Vida cotidiana en el castillo medieval.
Un castillo era un pueblo. Además del señor y su familia, los criados y los soldados, había un grupo de artesanos que se ocupaba del mantenimiento de las murallas y las armas. La comida se obtenía en las aldeas de los alrededores o en los huertos y corrales del castillo.
La vida era monótona y con pocas comodidades: la comida era muy precaria, especialmente cuando el castillo estaba siendo asediado. Las camas que eran de la nobleza eran un simple armazón de madera con paja.
En tiempos de paz, los caballeros se entrenaban combatiendo en torneos y se entretenían cazando, criando halcones y celebrando banquetes.
La cocina solía estar en un edificio aislado (en los patios del castillo) para no provocar incendios.
Los nobles pudientes y los mercaderes acaudalados podían permitirse una gran variedad de comida, incluyendo los frutos secos, las almendras y las especias asiáticas, productos muy caros
Las ventanas eran pequeñas y sin vidrios, las que se tapaban con cortinas.
En la torre del homenaje, donde están los aposentos, no había dormitorios individuales, por ende, el señor feudal compartía su dormitorio con sus siervos y perros.
Las mujeres normalmente permanecían en el castillo organizando tareas domésticas, cuidando de los hijos o cosiendo y bordando. Algunas, más refinadas, se entretenían con la lectura o con la música.


3.2. LA VIDA EN UN MONASTERIO.
Los monjes se levantaban muy temprano, antes de amanecer y, se preparaban para la primera oración del día, las Vigilias. Se leían y cantaban ciertas partes de la Biblia y otros cantos, escritos en latín, la lengua oficial de la Iglesia. Estos son los famosos cantos gregorianos que aún se siguen realizando en algunos monasterios, como el de Silos, en Burgos.
Tras ello los monjes se aseaban en las letrinas que tenían muchos monasterios (con agua del río cercano) y se volvía a la iglesia, pues apenas una hora después de Vígilias, empezaban los Laudes (una nueva oración).
Comenzaba entonces realmente el día, con una hora y media para el trabajo, volviéndose a rezar hora y media después. 
Hasta la una de la tarde, los monjes se ocupaban entonces del propio huerto (que servía para su autoconsumo) o se encerraban en el scriptorium o biblioteca, lleno de atriles.
En esta habitación se copiaban libros prestados por otros monasterios. Se hacía sobre pergamino (piel de cordero), utilizando distintos colores de tinta en las que se mojaban plumas de ave. El trabajo era minucioso y lento, pues no debían equivocarse y se copiaban también (o se creaban otros nuevos) los dibujos oiluminaciones que correspondían al texto. Todavía conservamos muchos de estos libros, aunque su exposición es complicada, pues deben ser iluminados con luz tenue para que no se vayan estropeando los colores.
Los monjes volvían a reunirse para rezar junto en la hora Sexta (en torno a la 13.20), tras la cual iban a comer.
La comida también era común, en una habitación llamada refectorio. En ella se colocaban largas mesas en donde los monjes lo hacían en completo silencio, pues uno de ellos (por turno) leía desde el púlpito la Regla o la Biblia.
El menú era bastante monótono, aunque sano. Normalmente se comían verduras y hortalizas cocidas en una gran olla y aderezadas con un trozo de tocino o manteca. Se les daba también a los monjes un trozo de pan y un cuartillo de vino. La carne se reservaba para los domingos y celebraciones especiales, al igual que el pescado (algunos monasterios llegaron a tener sus propias albercas en donde se criaban peces).
Evidentemente los monjes no se echaban la siesta, sino que volvían de nuevo a rezar conjuntamente en la hora Nona (sobre las tres), para después seguir con su trabajo encomendado.
Antes de la nueva oración se reunía toda la comunidad en la llamada Sala Capitular, leyéndose en ella un capítulo de la Regla de San Benito. En esta reunión el abad (aquel que gobernaba el monasterio) informaba sobre cuestiones cotidianas, se hacían confesiones públicas de los pecados y se castigaba a los monjes que hubieses cometido alguna falta (faltar a algún rezo, hablar durante la comida, discutir con un hermano…)
Tras un rato de tiempo libre en el que los monjes podían charlar, pasear por el claustro, rezar particularmente…, de nuevo a la iglesia para oficiar las Vísperas (19 h), cenar (20 h) y, antes de dormir, volver al rezo en la ceremonia llamada Completas, en la que se pedía protección a Dios ante los peligros de la noche.
Los monjes se retiraban entonces al dormitorio, que tanto en Cluny como Císter era común (sólo el abad tenía su dormitorio y despacho propio) en donde las camas estaban colocadas en largas filas. Si existían dos pisos, este dormitorio se colocaba sobre la cocina (y en el lado sur del claustro) para combatir el frío.

3.3. LA VIDA EN UNA CASA CAMPESINA.
Con arreglo a las leyes medievales, un campesino no era dueño de sí mismo. Todo, incluida la tierra que trabajaba, sus animales, su casa, y hasta su comida, pertenecía al señor del feudo.
Conocidos como siervos de la gleba, los campesinos estaban obligados a trabajar para su señor, que les concedía a cambio una parcela de tierra para cultivo propio.
Su vida estaba llena de penalidades. Muchos se afanaban para producir alimentos suficientes para sus familias y para cumplir con su señor. Les estaba prohibido marcharse del feudo sin permiso, y para un campesino, la única manera de obtener la libertad era ahorrar el dinero necesario para comprar un lote de tierras, o casándose con una persona libre.Así pues estaban ligados a la tierra.
En la Europa medieval, más del 90% de la población vivía del campo y trabajaba la tierra. La labranza y cría del ganado era un trabajo que absorbía toda la jornada, porque los métodos eran anticuados y no muy eficaces.
Cavaban y cosechaban sus parcelas propias, pero también ayudaban en los grandes cultivos: para arar campos y segar y recoger el heno. Una cosecha mala era una amenaza de hambre para toda la aldea.
El hogar medieval.
Las casas medievales eran muy diferentes de las actuales. Los campesinos pasaban la mayor parte del día fuera, por lo que las corrientes de aire y la escasa luz de las ventanas sin cristales no les molestaban. Para alumbrarse, pelaban un junco y lo mojaban en manteca, y eso ardía como una vela. Todo se mantenía lo más limpio posible: los suelos de tierra se solían desgastar a fuerza de barrerlos.
La vida doméstica era mucho más en común que la actual, ya que las familias enteras comían, dormían y pasaban su tiempo libre juntas en su hogar de uno o dos cuartos.


La comida.
La comida de la gente en la Edad Media variaba, como siempre, con arreglo a sus medios. Aunque cierto poeta creía que los pobres se alimentaban de "ortigas, juncos, zarzamoras y vainas de guisantes", su dieta era por lo general algo mejor.
La gente del común comía un pan moreno y tosco hecho de trigo con centeno o avena, verduras de huerta, y carne, en especial de cerdo, de sus existencias caseras. En invierno, se surtían de la carne y pescado que habían conservado con sal, y las cocineras inventaban medios adecuados para disfrazar el gusto añadiendo al guiso harina de avena, guisantes, alubias o cortezas de pan. Las vacas, ovejas y cabras suministraban la leche necesaria para elaborar los alimentos lácteos, llamados "platos blancos".

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