martes, 24 de enero de 2012

03. Unidad 03. Taller 09. El camino de Santiago

TALLER 9. EL CAMINO DE SANTIAGO
El apogeo del románico, primer estilo internacional de la Edad Media, siguió a la consolidación del Camino durante los siglos XI y XII. Los intercambios culturales surgidos de la peregrinación provocaron que este movimiento artístico, con sus variantes regionales, se extendiera por toda Europa.
Con el asentamiento de la ruta jacobea se fueron sucediendo cambios en la sociedad medieval que ayudaron también a la extensión del románico: el fortalecimiento de los reinos europeos, el crecimiento de la población y la generalización del comercio. También tuvo una importancia capital en el florecimiento de este estilo las órdenes religiosas, sobre todo la de Cluny.
El aumento de feligreses hizo que se comenzaran a construir cada vez más iglesias, pero de forma más cuidada y elaborada. Las viejas construcciones de techumbre de madera y reducidas dimensiones se transformaron en otras más resistentes y monumentales.
Pero no todo en el románico son iglesias. El trasiego de peregrinos -acompañados de trabajadores que levantaban templos para acogerlos, y mercaderes que llenaban la Ruta con sus puestos- propició una arquitectura civil complementaria a la religiosa. Se comenzaron a edificar hospederías, hospitales, puentes y barrios para albergar a la masa que movía el Camino de Santiago. Así fue como poco a poco fueron naciendo los burgos medievales, y en el centro de ellos, la iglesia románica con sus cimborrios y ábsides.
El elemento fundamental del románico es la sencillez, el purismo en sus líneas y formas. En España desaparece el eclecticismo imperante hasta ese momento, que mezclaba detalles bizantinos con influencias locales, paleocristianas o godas. Aunque sí se siguió cultivando algún componente local como los arcos fajones. También se aprecia en las iglesias románicas españolas la influencia mudéjar.
El templo románico se caracteriza además por la utilización de la planta de cruz latina; tres naves (la central, mayor en altura y anchura que la laterales); un crucero con una torre (cimborrio) que limita un extremo de la nave central, y una cabecera semicircular donde se sitúa el altar mayor. A veces, según el tamaño de la construcción, los brazos del crucero albergaban capillas semicirculares llamadas absidiolos.
Los templos se orientaban hacia Jerusalén, por lo que las cabeceras se situaban en la fachada oriental, y la entrada, en línea recta opuesta, en la parte occidental. Esta fachada estaba siempre ricamente decorada, con molduras, columnas y capiteles donde se esculpían narraciones bíblicas.

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